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EL EGO DEL TRAMPANTOJO



 


EL EGO DEL TRAMPANTOJO


«trampa ante el ojo», del francés trompe-l'œil, «engaña el ojo»


No sé qué es peor, si su narcisismo insoportable, su peligroso y radiactivo ego o esa verborrea sodomizante de efectos narcóticos, que destroza a cualquier verdad que se le cruce en su camino. 

Donald es un trampantojo que hizo creer a medio mundo que se trataba de un simple loco cargado de millones; y por simplificarlo todo, venerado por montones de «paletos» del medio oeste y de cuatro ricos excéntricos amigos de la ketamina. Pero la realidad es que su verdadera dimensión levantó el vuelo hace meses, cuando el trampantojo empezó a «asomar la patita», gracias a la servil aquiescencia de la mayoría de los dirigentes mundiales, arrollándolo todo y causando el estrago de la más vergonzosa humillación a todo el que se ha dejado; como es el caso de la premio Nobel de la Paz, entre otros.

Pero el trampantojo, con su desfachatez chabacana, está construyendo una nueva figura, cuya base principal es el dictador clásico (¡fuera ambigüedades!).  Su objetivo final: manejar al mundo como los niños a sus muñecos. Ha empezado por apoderarse de su propio país, y en ello está de forma muy evidente, negando los más impunes atropellos y asesinatos, entre chascarrillos y con esa campechanía misógina que está ayudando a refundar. En EE.UU., las nuevas Sturmabteilung (las SA de Hitler) están dejando la democracia americana de a pie (en la calle) hecha unos zorros, mientras el poder institucional del trampantojo arremete contra todo aquel que ose mirarle de frente a los ojos. No hay límite para esta figura recrecida en su pertinaz deriva psicótica.

     El mundo ya vivió algo parecido.  A Adolf Hitler le trataron como un loco más, y las dos grandes potencias europeas de la época, Inglaterra y Francia, que le dedicaron suaves carantoñas y advertencias de abuelo cariñoso, hasta que su enorme ego hundió al mundo en un desastre sin paliativos. La comunidad internacional venció aquella oleada de desenfreno dictatorial uniéndose y plantándole cara a un desafío que nadie ha sido capaz de saber hasta dónde nos hubiera llevado. Eso mismo deben hacer las naciones que aún creen en la libertad, la paz, en los derechos humanos y el multilateralismo, pero ese necesario movimiento, que ya está tardando demasiado, ha dado algunos tímidos pasos que ni debe desfallecer, ni ser pendular. No salgamos de las garras del oso americano para que nos devoren las fauces del dragón chino.

     El trampantojo está decidido a poner las esposas y el bozal al mundo, ONU incluida, a la que intenta sorpassar burdamente, ante una tibieza cobarde e inexplicable.

    La bala de oro, para que esta pesadilla desaparezca de nuestras vidas, la tienen los propios ciudadanos norteamericanos, peleando la libertad, negándole el apoyo y sus votos, a él y a sus palmeros.

   Mientras los correveidiles del trampantojo por medio mundo, España incluida, callan y crecen en las encuestas. 

    Esto sí es de locos.


Muy de tu rollo

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