La debilidad del primo(*) de Zumosol
Pues verás, Donald, el estrecho de Ormuz lleva por allí, con su desconcertante curvatura, mucho tiempo, más de lo que tú y tu magamundo os imagináis. Desde que la memoria existe, se sabe que este meandro salado es tan angosto que con poca cosa se bloquea y eso casi siempre dio igual. Pero ahora no.
A ti, que vas de primo de zumosol del genocida de Tel Aviv, este te la ha jugado pero bien, algo que a todos nos daría igual hasta que los cretinos que os defienden y aplauden, entre ellos la infame presidenta de la Comisión Europea, han empezado a comprender que Ormuz no solo es un problema para el tránsito marítimo.
A ti, el gualtrapa israelí que te metió en esto, no te contó toda la verdad, así que asumiste tu papel preferido, el de todopoderoso e invencible, y te liaste a gastar miles de millones en una guerra que solo le interesa al trilero que te timó. Y así te ves ahora, desconcertado, acumulando bandazos, y el último de ellos es todo un exponente de ridícula debilidad y de una patética incompetencia.
Le has regalado, una vez más a Putin, otro montón de fichas para seguir en el casino, y le vas a permitir hacer una histórica caja y forrarse con el petróleo, mientras que tus «aliados», esos miedicas intimidados, se quedan con la boca abierta y el culo en pompa.
Fantástico, Donald, ahora solo queda lo peor.
(*) Quien se deja engañar fácilmente
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