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VARAS DE MEDIR



 

VARAS DE MEDIR


La vara de medir, hasta el siglo XIX, tenía una longitud de 83,59 cm (vara castellana o de Burgos), y era utilizada para la medición de paños, maderas o piedras, además de otras muchas cosas. 

Para evitar ese maldito mal endémico tan español, la piratería en todas sus formas, en algunos lugares se tallaba esta medida en una piedra que era colocada en algún lugar preeminente de la localidad y así se sorteaba la malicia de usar «distintas varas de medir».

En la palabra hablada o escrita, la incontinencia manipuladora no se puede atajar con una medida concreta y, a menudo, por no decir siempre, vemos cómo se analizan y juzgan las cosas, los hechos y a las personas en función del quién más que del qué y el cómo.

Desde este Madrid controvertido y desconcertante se ha avisado del peligro de la regularización masiva de inmigrantes, entre otras cosas, al margen de la charlotada de los «delincuentes de medio pelo», por la posible saturación y desbordamiento de los servicios públicos. Llega tarde esa preocupación, me temo, viendo su estado actual, pero sigamos. Pudiera ser, pero las personas que desean quedarse donde la necesidad les ha llevado ya viven y trabajan aquí desde hace tiempo y hasta pagan el IVA por sus compras. Ellos van a sus trabajos en metro, recurren a las urgencias cuando es necesario y sus hijos acuden cada mañana a la destartalada educación pública, que languidece como la universidad por falta de mantenimiento e inversión. En cualquier caso, habría que preguntarse cómo se ha reinvertido toda la riqueza que estas gentes han generado desde que llegaron y cuál sería el horizonte para presupuestar, a corto y medio plazo, su aportación al futuro de todos.

A lo mejor los números salen

Coincidiendo en el tiempo, se nos anuncia un macroplan para «rellenar Madrid».  El proyecto es nada más y nada menos que construir 350.000 nuevas viviendas, es decir, «traernos» a Córdoba y El Escorial, con sus coches, gripes, alumnos, aguas fecales y medios de transporte, al D.F. Pero esta moderna trashumancia no solo afectaría a las zonas concretas donde se «trasplante» a cordobeses y escurialenses, sino también al resto del área metropolitana, porque la gente tiene la tremenda manía, y a veces la obligación, de moverse. Sin embargo, para este «modesto crecimiento urbanita», no parecen crecer los reparos y las dudas, de a quienes tanto les preocupa que se nos revienten las costuras de eso que estúpidamente llamamos estado del bienestar.

Curioso, ¿verdad?

P.D. Y, por último, alguna duda menor: ¿Quiénes van a currar para construir y habilitar los miles de viviendas que se nos anuncian? ¿Habrá algún tipo de prioridad o arraigo para ponerse el mono y el casco en las obras? 

Quizás no. Veremos


Muy de tu rollo

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