GAZA, ESE PARAISO….
La barbarie y la más furibunda de las limpiezas étnicas que se recuerdan en los últimos años se cebaron con Gaza, convirtiendo aquel pedregal desangelado y reseco en un infierno durante muchos meses, demasiados. Miles de personas, especialmente niños, murieron de mil maneras en aquel horror, y la mayoría de los que sobrevivieron al exterminio quedarán marcados para el resto de sus días. En las endurecidas conciencias del género humano, aún deben quedar algunas imágenes que estremecieron a la decencia, pero de todo esto ya parece que ha pasado una eternidad.
Alguien puede pensar que allá, entre la sal del mar y las dunas de arenas ocres, yace enterrado el miedo, el dolor y el odio, y ya florece luminosa la paz y la prosperidad que riega y sutura, en un incesante goteo, las heridas del pasado. Gaza debe ser un sueño coránico o bíblico, qué más da, aunque nadie lo dice ni se lo cuestiona. El nuevo paraíso preñado de altas palmeras, playas luminosas y edificios modernos, en cuyos ventanales se reflejan los blancos yates fondeados en sus inmaculadas aguas.
Supongo que los niños han vuelto a sus calles, y no a mendigar comida o la espera de la muerte, sino lustrosos y con sus miradas limpias de todo mal o temor.
Gaza ya no es noticia, ha sido borrado de la faz de la inmundicia, porque el oprobio y la tiranía conceptual y militar que nace desde Washington contra la conciencia y la decencia así lo han querido.
En algunas partes del mundo la historia se evapora y el presente no interesa.
Ahora el futbol se juega en casa del cacique, y eso sí es noticia.
Muy importante, al parecer.
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