NONATOS vs. SINATOS
Confieso que no he leído ni una sola línea de la ley madrileña sobre los nonatos, que, según reza la publicidad oficial, tiene unos ambiciosos objetivos: «Permite que el concebido no nacido sea tenido en cuenta, desde que se acredite el embarazo, para la concesión de ayudas que dependan de la renta o de la composición de la unidad familiar, como las becas de Bachillerato, las ayudas para el primer ciclo de Educación Infantil en centros privados, las de comedor escolar, el abono transporte o las destinadas al alquiler para jóvenes».
Esta iniciativa, estoy seguro, debe habérsele ocurrido a la presidenta electa de los madrileños, gracias a su particular imaginación y a una sagaz gestión, cuyo resultado debe haberle permitido disponer de un superávit económico en la abultada partida educativa; todo ello a pesar de sus despiadadas bajadas de impuestos y donaciones en forma de becas a los más pudientes. Me resisto, pero quiero suponer que la educación madrileña vive un momento paradisiaco, rozando lo mágico. Como casi todo en este Madrid de cañas y libertad.
Los niños ya nacidos, (los «sinatos») esos que lloran y moquean, además de pasar un calor horroroso en clase en las olas de calor más tempranas, deben gozar ya de abundantes becas, plazas escolares sobrantes cercanas a su domicilio y guarderías públicas con el personal bien pagado. Se me olvidaba, que seguro disponemos de los comedores escolares con un correcto régimen alimenticio, una formación profesional con una oferta interesante, variada y de futuro, y por supuesto con el excelente momento que viven las universidades públicas, que son un remanso de paz, sabiduría y medios.
Y todo esto, por esta vez, sin la ayuda del grupo Quirón. Por eso esta asignación de recursos (sobrantes), es completamente ajena a cualquier código ideológico y mucho menos sectario.
¡Inmejorable!
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