Madrid es la ciudad que lo aguanta todo, o eso parece. No descubro nada nuevo afirmando que en los últimos años la capital ha experimentado un auténtico boom gastronómico en el que el lujo, como concepto y posibilidad, ha echado raíces. Lo que antes parecía reservado a las capitales más ostentosas del mundo hoy ha llegado con la intención de quedarse, tomando la forma de restaurantes que ofrecen experiencias que, en algunos casos, pretenden elevarse a un nivel casi ritual. Este auge gastronómico, imán habitual para la mediocridad y el caviar chino, nos deja, en el caso de Sen Omakase , una propuesta ciertamente singular, ubicada en un barrio poco habitual para un restaurante de estas características. Aquí, la exclusividad se entiende como una “experiencia inmersiva” que se despliega en cuatro zonas: sala de bienvenida, barra de sushi, salón del té y coctelería . Sin embargo, todas ellas adolecen de una falta de calidez y personalidad, un contraste que parece chocar con una culinaria...