Da igual cuándo se lea este titular. Porque, por desgracia, siempre está vigente. Siempre hay alguien ocupando un lugar que no le corresponde, hablando en nombre de otros sin legitimidad, interfiriendo donde no debería o simplemente apartándose del espacio que debería defender. Y todo esto, lo admito, me resulta agotador. Agota ver cómo se utiliza cualquier causa noble como campo de batalla ideológica. Agota ver cómo el oportunismo contamina el debate. Agota ver cómo nadie, absolutamente nadie, parece estar donde debería estar.  Por eso me duele especialmente lo que ha sucedido estos días con La Vuelta a España. Porque el ciclismo representa para mí algo distinto. Es el deporte que más admiro, no solo por su épica, sino por los valores que lo atraviesan: esfuerzo sin atajos, respeto al sacrificio del otro, cultura del compañerismo. Un deporte donde un equipo entero trabaja para que solo uno cruce primero la meta, donde los gregarios son esenciales, donde incluso el derrotado reci...