DANZA DE LA LLUVIA
España se quema, se vacía o se concentra tanto que no hay techo bajo el que cobijarse a buen precio. No sé si la historia o simplemente nosotros mismos nos hemos convertido en un país de extremos insondables e insoportables.
Mi amigo Juan Luis dice que solo invocando «la danza de la lluvia» que cheyenes, arapahoes y comanches cantaban con algún éxito en épocas de sequía o cuando los fuegos naturales, provocados por las tormentas, arrasaban las grandes praderas, se vencerá a las llamas que nos asolan.
Puede ser.
Lo cierto es que no solo estos incendios, sino los ocurridos en veranos anteriores, especialmente el del año pasado, han puesto de manifiesto la falta de visión, estrategia científica y la precariedad de los medios. Es patético escuchar a los vecinos de muchos pueblos referirse tristemente a la soledad angustiosa que supone ver venir el fuego desde hace días, con la única ayuda de sus manos y sus pocos medios. Uno tiene la impresión de que a las «autoridades» con disponer de un buen sistema de alertas les es suficiente, quizás porque con este instrumento se eviten más riesgos respecto a las personas. Este es el argumento o el principal activo o la pesadilla para el político de turno. El fuego ya desatado a veces parece convertirse en una enorme coartada para cubrir los agujeros negros de la gestión, porque todos nos fijamos en el siniestro brillo de las llamas, que tienen un efecto hipnótico indudable.
Pero la vida, como concepto, va más allá del género humano. Todo lo que nos rodea forma parte de nosotros y, sin ello, no podemos sobrevivir o estamos condenados a una muerte lenta como especie. Con la naturaleza quemada, el riesgo medioambiental se eleva y esto afecta a la vida humana, como parece probado, excepto para la ira descerebrada de unos pocos, que cada vez son más.
Los grandes riesgos no se pueden poner, ya lo escribí cuando la mortal DANA, todos los que afectan al futuro del planeta, en manos de una clase política (más o menos el 99 %) como la que padecemos. Solo una estructura de previsión y toma de decisiones basada en organismos científicos y de expertos debidamente organizada nos puede salvar de la quema incontrolada del día de mañana para nuestros hijos y nietas.
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